Una microbiota con desequilibrios puede provocar gases, malas digestiones, desequilibrio en el ritmo intestinal, estreñimiento e, incluso, diarrea. Además, explica el Dr. Gonzalo Guerra, fundador de CMED y de la Clínica Neogenia, tener una microbiota de mala calidad puede provocar aumentos de peso.
Los probióticos van a ayudar a tener una microbiota más equilibrada y sana. Se encuentran en los lácteos fermentados (como el yogur o el kéfir), en las verduras fermentadas (col, lombarda, zanahoria, remolacha, coliflor, brócoli, pepinos, judías verdes, etc.).
Es fundamental también aportar prebióticos a nuestro organismo, que podemos incorporarlos a nuestra dieta al tomar fibra insoluble (presente en las legumbres y las hortalizas).