El calor y la humedad propios del verano hacen que las bacterias proliferen con facilidad y que puedan darse infecciones alimentarias.
En el caso de la carne, antes de manipularla hay que lavarse las manos adecuadamente, cocinarla y mantener a una temperatura inferior a los 5º C si, por ejemplo, la vamos a llevar a la playa o piscina. Por otra parte, es mejor consumirla hecha para evitar infectarse por la bacteria E. coli. Si ésta va a ser consumida, por ejemplo con, mahonesa debe conversarse en frío porque es más fácil contraer la tan temida salmonelosis, consejo que debemos tener en cuenta en todos los alimentos elaborados con huevo.
En el caso de los lácteos, la conservación enfrío también es fundamental debido a una bacteria llamada listeria, cuya infección puede provocar, entre otros síntomas, fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, malestar estomacal y náuseas.