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El cerebro también puede enfermar tu intestino: las señales que no debes ignorar

Madrid 03/08/2026
El cerebro también puede enfermar tu intestino: las señales que no debes ignorar
La padecen mayoritariamente mujeres, antes de los 50 años, y se asocia habitualmente a una infección previa, acontecimientos vitales importantes, ansiedad o situaciones de estrés mantenido. El Dr. Gonzalo Guerra, director y fundador de CMED explica que, "en nuestro organismo existe el eje intestino-cerebro que es una conexión directa entre el plexo neuronal del sistema nervioso central y el plexo neuronal entérico, es decir, las neuronas de nuestro aparato digestivo. Esta conexión hace que cualquier situación de estrés, ansiedad o nervios tenga una repercusión directa en nuestro aparato digestivo".

En los últimos años, cada vez más estudios demuestran que lo que antes se creían enfermedades "psicológicas" son el resultado de una alteración real en la comunicación entre el sistema nervioso central y el intestino. En esta conexión intervienen factores biológicos, inmunológicos, hormonales, microbiológicos y psicológicos, teniendo una relación directa en el desarrollo de afecciones como la ansiedad. 

Como explica el Dr. Gonzalo Guerra, director CMED, "en nuestro organismo existe el eje intestino-cerebro que es una conexión directa entre el plexo neuronal del sistema nervioso central y el plexo neuronal entérico, es decir, las neuronas de nuestro aparato digestivo. Esta conexión hace que cualquier situación de estrés, ansiedad o nervios tenga una repercusión directa en nuestro aparato digestivo, bien sea alterando nuestro ritmo intestinal, produciendo hinchazón, malas digestiones, aumento del reflujo gastroesofágico, etc." 

Trastornos de la interacción intestino-cerebro y perfil de los pacientes


Los trastornos digestivos más frecuentemente relacionados con el estrés y la ansiedad son los denominados trastornos de la interacción intestino-cerebro (antes conocidos como trastornos funcionales). Casi la mitad de los pacientes que acuden a las consultas digestivas lo hacen por este tipo de problemas. Entre ellos, los más habituales son: 

- Síndrome del Intestino Irritable (SII) 

- Estreñimiento funcional 

- Diarrea funcional 

- Dispepsia funcional 


Con frecuencia, estas condiciones se solapan o coexisten en un mismo paciente. El perfil predominante corresponde a mujeres antes de cumplir los 50 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Además, es habitual que se asocien a antecedentes de infecciones previas, acontecimientos vitales importantes, ansiedad o situaciones de estrés mantenido derivadas del estilo de vida actual. 


La evidencia científica sobre la relación recíproca entre los trastornos psicológicos (especialmente ansiedad y depresión) y el Síndrome del Intestino Irritable (SII) refleja su alto impacto sanitario: el SII supone entre el 10% y el 15% de las consultas de atención primaria y entre el 25% y el 30% de los pacientes derivados a gastroenterología. 


Mecanismo biológico: ¿cómo afecta el estrés a la motilidad y digestión?


El estrés activa el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y el sistema nervioso autónomo, lo que puede ocasionar un aumento de la secreción de la hormona liberadora de corticotropina (CRH). Esta respuesta fisiológica causa alteraciones en la motilidad intestinal y una mayor sensibilidad visceral. 


Siguiendo las explicaciones del Dr. Gonzalo Guerra, los efectos físicos se manifiestan principalmente en dos áreas del aparato digestivo. En el intestino grueso, “esta patología, el aumento del nivel de estrés o ansiedad tiene un efecto directo sobre la contracción de nuestro intestino grueso y, por tanto, provoca síntomas como dolores abdominales, retortijones o incluso diarreas”. 


Por su parte, en el estómago y esófago, el mal vaciado gástrico, es decir, las malas digestiones, así como el aumento de la secreción ácida, y por tanto del reflujo gastroesofágico, también se asocian con frecuencia a un aumento de nuestro nivel de estrés". 


Tras la valoración inicial, el especialista confirma el diagnóstico, realiza las pruebas necesarias y establece el tratamiento adecuado.  En muchas ocasiones, el trabajo multidisciplinar resulta fundamental para lograr revertir la situación.


Intervenciones como las técnicas de manejo del estrés, respiración e hipnoterapia dirigida (mencionadas en las últimas guías de práctica clínica) han demostrado mejorar tanto la intensidad de los síntomas como la calidad de vida de los pacientes. 


Pautas y modificaciones del estilo de vida

  • Horarios y pautas de ingesta: mantener horarios regulares de comidas, masticar bien y evitar ingestas muy copiosas, facilitando el periodo de ayuno fisiológico o "descanso digestivo". 
  • Patrón de alimentación: seguir una dieta mediterránea variada, baja en ultraprocesados (con la retirada transitoria de algunos desencadenantes) y baja en carbohidratos fermentables (FODMAP), evitando las deficiencias nutricionales asociadas a dietas restrictivas estrictas a largo plazo.
  • Ejercicio físico: mantener una vida activa y realizar ejercicio regular para mejorar el tránsito intestinal y el bienestar emocional. 
  • Higiene del sueño: dormir lo suficiente y mantener una adecuada higiene del sueño. 
  • Manejo del estrés: incorporar estrategias como técnicas de relajación, respiración diafragmática, mindfulness o terapia psicológica cuando esté indicada. 
  • Evitar el consumo excesivo de alcohol, tabaco y otros tóxicos. 


Pronóstico y control eficaz de la enfermedad


En estos trastornos no se habla de "erradicar", sino de controlarlos eficazmente. Se trata de enfermedades benignas, pero crónicas con un curso fluctuante, en las que pueden existir periodos prolongados sin síntomas


Con un abordaje adecuado, que integre dieta, estilo de vida, manejo del estrés y, si hace falta, tratamiento farmacológico dirigido a los síntomas,  la mayoría de los pacientes pueden desarrollar una vida completamente normal, recuperando hábitos saludables en el día a día.








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