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El aparato digestivo: nuestro segundo cerebro

El aparato digestivo: nuestro segundo cerebro

Madrid 08/11/2018

 

Así se denomina al aparato digestivo en términos médicos coloquiales. Y se debe a que posee una red compleja de ramificaciones nerviosas y conexiones con muchos otros órganos y sistemas del cuerpo. Incluso hay infinidad de conexiones entre el aparato digestivo y diferentes zonas del cerebro que controlan diferentes funciones corporales. Hay que tener en cuenta que el aparato digestivo, en general, y el estómago, en particular, fabrican y secretan muchas sustancias químicas (en su mayoría proteínas) que tienen la función de neurotransmisores reguladores o moduladores de muchas funciones corporales. Y es que el estómago es el órgano que mayor función neuroendocrina posee, por lo que merece un artículo sobre esta función. 
Debido a esta conexión de estómago y cerebro y las diferentes capacidades neurológicas, la principal causa de irritación crónica del estómago o gastritis  crónica es el estrés. Por eso cuando tenemos ansiedad, y nos sentimos angustiados, tristes, enfadados o coléricos, estos sentimientos se manifiestan en el estómago. Pero también sucede a la inversa: cuando tenemos molestias o dolor en el estómago es común no estar de buen humor, a diferencia de otros dolores corporales en que, si bien nos sentimos molestos, no nos afecta tanto al estado de ánimo como el estómago.
Pese a ser el primer gran órgano del aparato digestivo en recibir a los alimentos, para triturarlos y hacer una primera fase de digestión, la mayoría de los alimentos no causa ninguna irritación al estómago por sí mismo. Ni siquiera los alimentos picantes, especiados o ácidos, como piensa mucha gente. El verdadero agresor del estómago son las preocupaciones o la ansiedad, que nos hacen producir más jugo gástrico de carácter ácido del necesario. Y es esta secreción la que termina irritando la mucosa del estómago. El otro gran agresor es la bacteria Helicobacter Pylori, responsable de más de la mitad de las gastritis agudas. Pero la diferencia es que esta bacteria se puede eliminar con tratamiento antibiótico, mientras que el estrés no se puede eliminar con un tratamiento de unas semanas. 
Una vez que el estómago está irritado por la ansiedad, entonces sí hay una serie de alimentos que pueden mantener o incrementar la irritación. Son aquellos alimentos que estimulan la mayor producción de jugo gástrico ácido. Ahí estarían el alcohol, café y té, las bebidas gaseosas, el tabaco, los picantes, y ácidos como naranja, limón, y pomelo. Hay que incluir también el cacao o chocolate y todos los alimentos que contengan abundante cantidad de grasas. Dentro de estas, son más irritantes las grasas saturadas como las de la carne de vaca, cordero y cerdo que no sea magro. También los embutidos, la leche, el yogurt no desnatado  y los quesos más añejos. Que duda cabe que la nata, la mantequilla y los helados, por su alto contenido en grasa tendrían gran poder irritante en una mucosa de estómago ya irritada. Y, por supuesto, toda la bollería industrial y pastelería llena de crema, chocolate o crema chantilly.
También, aunque en menor medida, podrían irritar más un estómago ya irritado las grasas buenas o insaturadas como las del pescado azul, los frutos secos y el aguacate. No hay que olvidar las vísceras y algunos mariscos, sobre todo los moluscos.
Hay una patología médica que es sumamente frecuente en la población: la dispepsia funcional. Los pacientes que la sufren tienen síntomas digestivos molestos, como ardor, dolor e hinchazón de estómago, después de las comidas, o gases en demasía. Sin embargo, en estos pacientes en las pruebas diagnósticas no aparece dicha irritación gástrica. Se considera que en estas personas los mecanismos de digestión y vaciado gástrico no se realizan bien y, por este motivo, producen estos síntomas. 
En estos casos, a los consejos nutricionales citados hay que añadir la supresión o moderación de alimentos generadores de gases como las legumbres (especialmente alubias y garbanzos) y algunas verduras como ajo, cebolla, brócoli, coliflor, repollo, coles de Bruselas y puerro.
Además, se debe modificar la forma de comer de tal manera  que la digestión sea más ligera. Comer despacio y masticar mucho los alimentos; comer los alimentos cocinados y limitar mucho la ingesta de comidas crudas (ensaladas , sushi); comer en pequeñas porciones varias veces al día; no dejar muchas horas el estómago vacío y no tomar mucho líquido con las comidas  (siempre mejor entre comida).
Con estos consejos se consigue no aumentar la irritación gástrica, aunque la solución definitiva pase por eliminar el estrés y tratar de llevar una vida lo más tranquila posible. 

Así se denomina al aparato digestivo en términos médicos coloquiales. Y se debe a que posee una red compleja de ramificaciones nerviosas y conexiones con muchos otros órganos y sistemas del cuerpo. Incluso hay infinidad de conexiones entre el aparato digestivo y diferentes zonas del cerebro que controlan diferentes funciones corporales. Hay que tener en cuenta que el aparato digestivo, en general, y el estómago, en particular, fabrican y secretan muchas sustancias químicas (en su mayoría proteínas) que tienen la función de neurotransmisores reguladores o moduladores de muchas funciones corporales. Y es que el estómago es el órgano que mayor función neuroendocrina posee, por lo que merece un artículo sobre esta función. 

Debido a esta conexión de estómago y cerebro y las diferentes capacidades neurológicas, una de las principales causa de irritación crónica del estómago o gastritis  crónica es el estrés. Por eso cuando tenemos ansiedad, y nos sentimos angustiados, tristes, enfadados o coléricos, estos sentimientos se manifiestan en el estómago. Pero también sucede a la inversa: cuando tenemos molestias o dolor en el estómago es común no estar de buen humor, a diferencia de otros dolores corporales en que, si bien nos sentimos molestos, no nos afecta tanto al estado de ánimo como el estómago.

Pese a ser el primer gran órgano del aparato digestivo en recibir a los alimentos, para triturarlos y hacer una primera fase de digestión, la mayoría de los alimentos no causa ninguna irritación al estómago por sí mismo. Ni siquiera los alimentos picantes, especiados o ácidos, como piensa mucha gente. El verdadero agresor del estómago son las preocupaciones o la ansiedad, que nos hacen producir más jugo gástrico de carácter ácido del necesario. Y es esta secreción la que termina irritando la mucosa del estómago. El otro gran agresor es la bacteria Helicobacter Pylori, responsable de más de la mitad de las gastritis agudas. Pero la diferencia es que esta bacteria se puede eliminar con tratamiento antibiótico, mientras que el estrés no se puede eliminar con un tratamiento de unas semanas. 

Una vez que el estómago está irritado por la ansiedad, entonces sí hay una serie de alimentos que pueden mantener o incrementar la irritación. Son aquellos alimentos que estimulan la mayor producción de jugo gástrico ácido. Ahí estarían el alcohol, café y té, las bebidas gaseosas, el tabaco, los picantes, y ácidos como naranja, limón, y pomelo. Hay que incluir también el cacao o chocolate y todos los alimentos que contengan abundante cantidad de grasas. Dentro de estas, son más irritantes las grasas saturadas como las de la carne de vaca, cordero y cerdo que no sea magro. También los embutidos, la leche, el yogurt no desnatado y los quesos más añejos. Que duda cabe que la nata, la mantequilla y los helados, por su alto contenido en grasa tendrían gran poder irritante en una mucosa de estómago ya irritada. Y, por supuesto, toda la bollería industrial y pastelería llena de crema, chocolate o crema chantilly.

También, aunque en menor medida, podrían irritar más un estómago ya irritado las grasas buenas o insaturadas como las del pescado azul, los frutos secos y el aguacate. No hay que olvidar las vísceras y algunos mariscos, sobre todo los moluscos.

Hay una patología médica que es sumamente frecuente en la población: la dispepsia funcional. Los pacientes que la sufren tienen síntomas digestivos molestos, como ardor, dolor e hinchazón de estómago, después de las comidas, o gases. Sin embargo, en estos pacientes en las pruebas diagnósticas no aparece dicha irritación gástrica. Se considera que en estas personas los mecanismos de digestión y vaciado gástrico no se realizan bien y, por este motivo, producen estos síntomas. En estos casos, a los consejos nutricionales citados hay que añadir la supresión o moderación de alimentos generadores de gases como las legumbres (especialmente alubias y garbanzos) y algunas verduras como ajo, cebolla, brócoli, coliflor, repollo, coles de Bruselas y puerro.

Además, se debe modificar la forma de comer de tal manera  que la digestión sea más ligera. Comer despacio y masticar mucho los alimentos; comer los alimentos cocinados y limitar mucho la ingesta de comidas crudas (ensaladas , sushi); comer en pequeñas porciones varias veces al día; no dejar muchas horas el estómago vacío y no tomar mucho líquido con las comidas  (siempre mejor entre comida).

Con estos consejos se consigue no aumentar la irritación gástrica, aunque la solución definitiva pase por eliminar el estrés y tratar de llevar una vida lo más tranquila posible.